A mediados del siglo I d.C partió de un puerto cercano a Cádiz, dirección Roma o Narbona, un gran velero comercial, de 30 metros de eslora, cargado con 2500 ánforas llenas de salsa de pescado y lingotes de plomo propiedad del emperador Nerón. Durante la travesía los tripulantes tuvieron un problema y decidieron acercarse al último puerto de la península que encontraban en su trayecto, el puerto de Allon. Sin embargo no lo consiguieron y a escasas millas de la costa naufragaron. Ahí durmió en silencio durante más de dos mil años, hasta que en el año 2001 dos buceadores de La Vila Joiosa, Antoine Ferrer y José Bou, lo descubrieron.
El Bou Ferrer es la mayor nave mercante romana en excavación en el Mediterráneo. Su profundidad, 25 metros, asequible para los buceadores y su buenísimo estado de conservación hizo que desde el primer momento se pusieran en marcha iniciativas de protección y estudio.
Anualmente se realizan campañas de excavación para seguir investigando la nave e ir descubriendo nuevos datos de su historia. El buen estado de la madera ha permitido conocer hasta la técnica de fabricación. Se han recuperado hasta algunos sarmientos que protegían las ánforas para que no se golpeasen entre sí, también se ha encontrado la llave de la despensa y algunos utensilios de cocina de los tripulantes.
Durante las campañas de excavación se permiten visitas subacuáticas, no aptas para todos los públicos ya que para poder acceder a ellas hay que disponer de determinados carnets y niveles de buceo pero es, sin duda alguna una experiencia que vale la pena vivir. Además las visitas subacuáticas son totalmente accesibles para personas con movilidad reducida.
En Vilamuseu, museo y sede de la Red de Museos y Monumentos de La Vila Joiosa, hay un Centro de Interpretación del Bou Ferrer que nos permite ver y tocar los lingotes de plomo y las ánforas, además de otros objetos que también estuvieron dormidos durante dos mil años en el interior de este mercante romano en el fondo del Mediterráneo.